La rutina deportiva después de las vacaciones tiene un problema que no aparece en agosto: septiembre. Durante el verano quizá has tenido más tiempo, has caminado mucho, has nadado, has salido en bici o incluso has descubierto un deporte que te encanta. Luego vuelves al trabajo, aparecen los horarios, los desplazamientos y esa reunión que «solo iba a durar media hora». De repente, el hueco que parecía enorme se ha esfumado.

Los hábitos para tener más energía no son ningún secreto reservado a atletas olímpicos o gurús del bienestar que se levantan a las cinco de la mañana para meditar mirando al amanecer. En realidad, las personas que parecen tener las pilas siempre cargadas suelen compartir pequeñas rutinas que, repetidas con constancia, marcan una gran diferencia. Además, la ciencia lleva años demostrando que el descanso, la alimentación y la actividad física tienen un impacto directo sobre la vitalidad diaria.

Empezar una rutina saludable diaria suele ser fácil; mantenerla más de siete días es el verdadero reto. El lunes todo es motivación, el martes aún hay ganas y el jueves ya estamos negociando con el sofá. No es falta de fuerza de voluntad, es falta de estrategia. Una rutina realista no busca cambiar tu vida en 24 horas, sino mejorarla poco a poco sin que lo notes… hasta que funciona.