Hoy en día, estamos acostumbrados a visitar museos en los que hay exposiciones temporales que viajan de una ciudad a otra, pasando por distintos espacios de exhibición. El traslado y el montaje de las obras que las forman es un proceso que no suele despertar mucho interés, salvo que se trate del traslado de El Guernica, cuyo viaje desde Nueva York a Madrid ha dado lugar a uno de los episodios más surrealistas de la historia de nuestro país.